La clave del éxito académico
No se trata solo de habilidad, sino también de creer que puedes hacerlo.
Independientemente de la etapa escolar en la que ocurra, el fracaso académico puede tener consecuencias negativas que perduren hasta la edad adulta. El éxito académico, por otro lado, puede proteger a una persona de iniciar o continuar por un camino de desarrollo problemático. Las dificultades escolares, especialmente durante la secundaria, se asocian no solo con mayores tasas de abandono escolar y problemas en la universidad, el trabajo y la carrera profesional, sino también con problemas de salud mental.
Dadas estas conexiones, en las últimas décadas los científicos han intentado identificar los factores predictivos del éxito académico con la esperanza de desarrollar estrategias de intervención para fomentarlo y combatir el fracaso. Se ha demostrado que la autoeficacia académica —la creencia en la propia capacidad para alcanzar una meta académica— es un fuerte predictor del éxito académico.
El fundador de la teoría de la autoeficacia es Albert Bandura, profesor emérito de psicología en la Universidad de Stanford. Los estudios de Bandura sobre la autoeficacia han demostrado que las acciones de las personas están fuertemente influenciadas por su creencia en su capacidad para alcanzar una meta o afrontar eficazmente una situación desafiante. Sin embargo, es importante recordar que, si bien la autoeficacia predice la intención —es improbable, e incluso imposible, realizar una acción si no se cree en la propia capacidad—, las creencias de autoeficacia y la intención son dos constructos distintos. La autoeficacia es independiente de la intención y las habilidades asociadas con el desempeño efectivo de una acción determinada, pero está estrechamente relacionada con ellas.
La autoeficacia académica abarca dos ámbitos principales: primero, la percepción que tienen los estudiantes de su capacidad para dominar con éxito las áreas curriculares (por ejemplo, matemáticas, ciencias o geografía), y segundo, su capacidad percibida para participar en actividades de aprendizaje autorregulado, como planificar y organizar sus actividades académicas, estructurar entornos propicios para el aprendizaje y motivarse para completar las tareas escolares. Necesitan creer, por ejemplo, que son capaces de cumplir con los plazos de entrega de las tareas, estudiar incluso cuando hay actividades más interesantes que les atraen, tomar apuntes en clase, utilizar la biblioteca de forma eficaz para recopilar información para las tareas o encontrar un lugar para estudiar sin distracciones.
Mi contribución a este campo ha sido posible gracias a mi colaboración con dos de los colaboradores más cercanos de Bandura: Gian Vittorio Caprara y Concetta Pastorelli, del Departamento de Psicología de la Universidad Sapienza de Roma, Italia. Entre 1988 y 2012, llevaron a cabo un estudio longitudinal en Genzano, una comunidad residencial situada a 30 kilómetros de Roma. Genzano representa un microcosmos socioeconómico de la sociedad italiana en general.
El estudio siguió a una muestra de más de 600 niños desde la escuela primaria hasta que cumplieron aproximadamente 30 años. En cuanto a ocupaciones y estatus socioeconómico, sus familias eran representativas de la población italiana. Durante los años escolares de los niños, sus familias, maestros y compañeros también participaron en el estudio.
Las intervenciones deben centrarse en la autoeficacia académica.
Decidí examinar cómo las creencias de autoeficacia académica, los rasgos de personalidad y la autoestima en 10th Las calificaciones se relacionan con el rendimiento académico al final de la escuela secundaria. Centré mi atención en dos rasgos de personalidad que se han asociado estrechamente con el rendimiento académico: la responsabilidad y la apertura. La responsabilidad se refiere aquí al sentido de la responsabilidad y la capacidad de planificar, organizar y perseverar para lograr objetivos, mientras que la apertura se refiere a una actitud positiva hacia experiencias de aprendizaje desafiantes.
Mi trabajo demuestra que los estudiantes organizados, precisos, tenaces y persistentes, con alta autoestima, tienden a creer que son capaces de dominar las materias y regular su motivación y actividades de aprendizaje. En otras palabras, poseen mayor autoeficacia académica. Por consiguiente, es probable que tengan un mejor desempeño académico que sus compañeros que carecen de estas características.
El mensaje principal de mi estudio La autoeficacia académica es un predictor más potente del rendimiento académico que los rasgos de personalidad o la autoestima. Por lo tanto, las intervenciones deberían centrarse en la autoeficacia académica como medio para mejorar el rendimiento académico. Se debe prestar especial atención a ayudar a docentes y padres a encontrar maneras de apoyar a los estudiantes en el establecimiento de metas, el seguimiento de su progreso de aprendizaje y la evaluación de su autoeficacia en el ámbito académico.
En su afán por fomentar la confianza de sus alumnos en sus propias capacidades, los educadores también deben tener en cuenta las características individuales de la personalidad. Al promover la autoeficacia académica, podemos fomentar el éxito académico.
Notas a pie de página
Referencias:
Di Giunta, L., Alessandri, G., Gerbino, M., Luengo Kanacri, P., Zuffianò, A., Caprara, GV (2013). “Los determinantes del rendimiento escolar: la contribución de los rasgos de personalidad, la autoestima y la autoeficacia académica”. Aprendizaje y diferencias individuales, 27, 102-108 doi: 10.1016/j.lindif.2013.07.006.