Por qué el lenguaje y la regulación emocional en los niños van de la mano.
Las habilidades lingüísticas y la autorregulación se desarrollan conjuntamente en la primera infancia.
¿Alguna vez has ayudado a un niño pequeño a expresar su frustración con palabras? ¿O has apoyado a un niño en edad preescolar mientras aprendía a compartir su juguete favorito? Si es así, has fomentado dos de las habilidades más importantes en la primera infancia: el lenguaje y la autorregulación. Estas habilidades ayudan a los niños a establecer vínculos sólidos con los demás, a expresarse y a gestionar sus emociones intensas.
El lenguaje y la autorregulación están interconectados en la primera infancia. Pero, ¿fomentar el lenguaje infantil ayuda a los niños a gestionar mejor sus emociones y comportamientos? ¿O es al revés? Nuestra investigación demuestra que ambas cosas suceden. Estas dos habilidades tienden a desarrollarse juntas, y podemos fomentarlas mediante las interacciones cotidianas y sencillas que compartimos con los niños.
“El lenguaje y la regulación están conectados en los primeros años de vida.”
El lenguaje ayuda a regular las emociones y el comportamiento de los niños.
El lenguaje es una herramienta poderosa para la regulación. Los niños pueden usar palabras para expresar lo que quieren, cómo se sienten o lo que necesitan. nuestro estudioPara poner a prueba su lenguaje expresivo, pedimos a niños en edad preescolar que nombraran objetos en imágenes y que volvieran a contar una historia de un libro ilustrado sin palabras.
Los niños de cuatro años que nombraron más objetos en imágenes al inicio del preescolar mejoraron su capacidad para seguir instrucciones y concentrarse en la tarea a lo largo del año. Por lo tanto, ayudar a los niños a desarrollar su vocabulario inicial podría favorecer su autocontrol. Un vocabulario más amplio probablemente les proporciona más palabras para guiar sus acciones.
La capacidad de los niños para narrar una historia sin palabras al ingresar al preescolar no se relacionó con mejoras en la conducta ni en la regulación emocional. Sin embargo, los niños que progresaron más en esta habilidad también progresaron más en la expresión adecuada de sus emociones y en la modulación de su frustración. Esto demuestra que estas habilidades tienden a desarrollarse conjuntamente.
“Para contar una historia, los niños necesitan comprender qué sucede primero, después y al final.”
Creemos que esto se debe a que ambas habilidades se basan en fundamentos similares. Para contar una historia, los niños necesitan comprender qué sucede primero, después y al final. De igual manera, al gestionar sus emociones, necesitan identificar qué las provocó y decidir qué hacer a continuación. Por lo tanto, cuando los adultos fomentan una de estas habilidades, también pueden estar ayudando a desarrollar la otra.
La regulación también contribuye al lenguaje.
La autorregulación también puede favorecer el desarrollo del lenguaje. Evaluamos la capacidad de los niños en edad preescolar para regular su comportamiento mediante un juego sencillo que requería que siguieran reglas y mantuvieran la concentración. Los maestros informaron sobre la eficacia con la que los niños gestionaban sus emociones.
Los niños de cuatro años que comenzaron el preescolar con mayor capacidad para regular su comportamiento lograron mayores avances en vocabulario expresivo a lo largo del año. Esto podría deberse a que participaron más activamente en el aprendizaje y las conversaciones, escuchando y practicando el uso de palabras, lo que contribuye a ampliar su vocabulario con el tiempo.
De igual modo, los niños que, según sus profesores, gestionaban mejor sus emociones, progresaron más en la narración de cuentos a lo largo del año. Esto demuestra una vez más que estas habilidades se desarrollan de forma conjunta y están estrechamente relacionadas.
“Los niños que, según los profesores, eran capaces de gestionar mejor sus emociones, progresaron más a la hora de contar historias a lo largo del año.”
Fomentar el lenguaje y la regulación en el aula.
Los docentes pueden utilizar las rutinas e interacciones diarias para apoyar simultáneamente el desarrollo del lenguaje y la autorregulación. Estas son nuestras recomendaciones:
- Crea oportunidades frecuentes para la interacción entre compañeros. Jugar, hablar y trabajar con sus iguales les brinda a los niños valiosas oportunidades para practicar ambas habilidades. Los niños con dificultades en el lenguaje o la autorregulación, a quienes a menudo se les aparta para evitar conflictos o para que se pongan al día, son quienes más se benefician de la interacción guiada y apoyada con sus compañeros.
- Sé intencional en la forma en que apoyas estos momentos. Usa las interacciones cotidianas para ayudar a los niños a desarrollar ambas habilidades, por ejemplo:
- Apoya el vocabulario nombrando acciones y sentimientos. Podrías decir: “Estás esperando tu turno. Eso requiere mucha paciencia”.
- Fomenta la capacidad de los niños para contar historias pidiéndoles que expliquen lo que sucedió jugando o durante un conflicto.
- Modela y fomenta el diálogo interno que los niños pueden usar para controlar su comportamiento, como por ejemplo: "Puedo esperar hasta que sea mi turno".